jueves, 17 de diciembre de 2009
Yo abracé esas manos...muchas veces
Un halo rodeaba sus manos. Era una luz ténue, a diferencia de lo que se suele creer que sería un fenómeno como éste. Tampoco era amarilla como se representa en las cabezas de los santos. Esta era más bien como un arcoíris tornasol. Si me acercaba podía sentir una calidez placentera. Jamás en mi vida había visto algo igual. Sí había escuchado muchas historias acerca de monjes que podían generar esta energía, pero ningún relato describía tan fielmente lo que yo estaba viendo en ese momento. Sus manos eran grandes en relación a su cuerpo y su género, por lo que aquel espectáculo era mucho más llamativo. Todo el proceso no duró más de cinco minutos, al término del cual empezó a asomarse sutílmente, algo desorientada, como lo haría quien acaba de nacer y descubrir por primera vez lo que lo rodeará por muchos años, una mariposa que hace cinco minutos antes yacía desvanecida en el pasto cercano a la banca donde ella suele sentarse a contemplar lo poco que queda de naturaleza en aquella zona gris de Santiago.
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qué bonito. creo que es una tremenda habilidad ser capaz de construir una historia en tan poco espacio.
ResponderEliminaryo no podría.
hace rato quería pasar a saludar. buena onda, gracias por tus comentarios tan amables :) nos estamos leyendo, suerte
!